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domingo, 4 de octubre de 2009

Esencia de mujer

Nuestro amigo Antonio Moya nos ofrece su particular opinión sobre la manifestaciónes populares en general y la del día 17 en particular. Habrá que contestarle para que cambie de parecer. ¿Quién se anima?.

ESENCIA DE MUJER

Escribo estas líneas tres semanas antes de la gran manifestación en defensa de la vida, de la mujer y de la maternidad proyectada para el próximo 17 de octubre.
No voy a ir a la manifestación a no ser que alguien me convenza en estos días, lo que considero poco probable porque lo tengo bastante meditado. Es cierto que he animado y animo a todo el que pueda a que vaya si ello va con su carácter y su modo de ser, pero yo personalmente no me veo en esa concentración. El motivo es porque no me gustan las manifestaciones aunque me parezcan bien en determinadas circunstancias.
Veo bien una manifestación como medida de libertad de expresión y de hacer patente la voluntad del pueblo de un modo directo cuando los mecanismos representativos de una democracia fallan y desde el gobierno se ejerce la tiranía, como sucede con el actual Ejecutivo en España. Sin embargo, las manifestaciones suelen tener una cierta carga querulante que no me interesa. En las manifestaciones se esgrimen slogans, se grita, se canta, e incluso se insulta y se rompe el mobiliario urbano y los escaparates de las tiendas, aunque esto último estoy seguro que no va a pasar en el próximo 17-O. En cualquier caso el tono de una manifestación me parece a mí que va más por la línea de vencer, cuando en este asunto lo que me interesa es convencer. Con las manifestaciones siempre pasa que se forman dos bandos enemigos, los manifestantes y los que sostienen ideas contrarias a los manifestantes. Unos y otros se radicalizan.
No conozco manifestaciones que hayan terminado en diálogo entre contrarios. Si acaso, en las manifestaciones se contacta con gente que piensa igual que uno, pero dedicarse a convencer de algo al que ya está convencido me parece que no es aprovechar el tiempo que tenemos, tan escaso. Yo prefiero hablar uno a uno con amigos o amigas proabortistas, exponerles mis razones y escuchar las suyas. También suelo escribir sobre este tema, con la esperanza de que alguien encuentre sugerente alguna de las ideas que vierto en mis escritos y se mueva a replantear sus posiciones. Estoy convencido que no son los slogans, sino las ideas, las que mueven a las personas, y que en el ámbito individual las personas actúan con más libertad que dentro de una masa.
Aunque no vaya a la manifestación no quiere decir que no esté de acuerdo con las ideas de fondo que la mueven, pero me imagino que todo el mundo comprenderá que no todos somos iguales y que hay varias formas de defender a la mujer y a la vida no teniendo que ser forzosamente todas iguales. Lo importante es comprometerse en defensa de estos valores; el modo, depende de cada cual.
El motivo de la manifestación es la defensa de la vida, pero también de la maternidad. Esto último es muy importante. Me parece que los proabortistas tienen una idea equivocada de lo que es la maternidad y también de lo que es la mujer. Saber algo de filosofía siempre viene bien por aquello de que es bueno llegar a la verdad de las cosas de un modo racional, que es lo propio del ser humano.
Sócrates, a mediados del siglo V antes de Cristo se hizo una pregunta revolucionaria que hasta entonces ni siquiera los filósofos eleáticos, naturalistas o sofistas se habían planteado. Todos éstos se habían preguntado de una u otra manera “¿Qué son las cosas?”, mientras nuestro ateniense se preguntó “¿Qué es el hombre?, ¿Cuál es la naturaleza y la realidad última del hombre?, ¿Cuál es la esencia del hombre? Es decir, cambió el foco de atención desde el mundo externo al hombre mismo.
Tras mucho pensar y con el bagaje de los conocimientos anteriores a él, Sócrates dio respuesta a esa pregunta. El hombre es su alma, puesto que su alma es aquello que lo distingue de manera específica de cualquier otra cosa. Sócrates entiende por alma nuestra razón y la sede de nuestra actividad pensante y ética. Gracias a este descubrimiento, Sócrates creó la tradición moral e intelectual de la que Europa ha vivido siempre desde entonces. Más aún, la palabra “alma”, para nosotros, debido a corrientes espirituales a través de las cuales ha pasado a lo largo de la historia, siempre suena con un matiz ético y religioso. De la misma manera, las expresiones “servicio de Dios” y “cura de almas” también suenan a cristianas. Sin embargo, el significado superior de las mismas fue adquirido por primera vez en boca de Sócrates.
De la misma manera que saber qué es el hombre puede venir bien para manejarse en el mundo de los seres humanos, pienso que preguntarse por la esencia de la mujer y por la esencia del varón puede ayudar todavía más. Centrándonos en la mujer, ¿Qué es lo esencial en la mujer?, ¿Qué es lo propio de la naturaleza de la mujer? Se pueden dar multitud de respuestas. Incluso existe una película con ese título protagonizada magistralmente por Al Pacino.
Yo, al igual que Sócrates, también voy a dar una respuesta, muy meditada y sobre todo muy estudiada. Lo esencial en la mujer es la maternidad. Hay otras cosas que caracterizan a la mujer, pero no a modo de esencia, sino de consecuencia. Es verdad que el rostro femenino es característico de la mujer. Y también la dulzura en el timbre de voz. Y la configuración de las caderas y los pechos y otras partes del cuerpo. Y el distinto modo de funcionar el cerebro ante los estímulos con respecto al varón, y la distinta proporción de masa cerebral. Y el tipo de conocimiento, más intuitivo y concreto, mientras el del varón es más analítico y especulativo. Y la tendencia a manifestar los sentimientos. Y la poca fuerza y ánimo competitivo. Y el gusto por lo delicado y sutil. Y la distinta configuración cromosómica de cada una de sus células. Podríamos enumerar muchas más cualidades. Sin embargo el factor común de todas ellas es su orientación a la maternidad. Efectivamente, todas estas características y muchas más que pudiéramos enumerar obedecen a un objetivo que no es otro que la maternidad.
Toda mujer tiene vocación a la maternidad. Ello no quiere decir que todas tengan forzosamente que llegar a ser madres so pena de fracasar como mujer. Puede suceder que una mujer no llegue a ser madre por diversas circunstancias: por enfermedad o indisposición física o sicológica, por haber entregado su vida a los demás, que es otro modo de ser madre, por haber sido llamada por Dios al celibato, que también es otro modo de maternidad, o sencillamente porque no ha encontrado su media naranja, lo cual no le impide volcar sus valores maternales en otras personas. Me imagino que el lector dará por supuesto que la maternidad humana no es sólo una cuestión material o biológica, sino que afecta a la “persona-mujer” en todo su ser personal.
Ahora bien, lo habitual cuando no se dan otros motivos especiales es que la mujer tienda a ser madre. Tan impresionante es en si misma la maternidad que desde las épocas prehistóricas el hombre llegó a rendirle cierto culto esculpiendo pequeñas esculturas de mujeres embarazadas en los albores de las manifestaciones artísticas.
Por eso, pienso que el momento presente es sin duda la página más oscura de la Historia pues en diversos países, España entre ellos, se legisla como derecho el asesinato premeditado del feto en el mismo vientre de la madre. Se ha traído y llevado tanto el tema del asesinato del niño no nacido que hay quienes ya se han acostumbrado a ello y hablan de “interrupción voluntaria del embarazo” como quien habla del impuesto de sociedades o de la reforma agraria. Quizá todo esto ya no les diga nada a su conciencia encallecida. Pero ¿No les dice nada que se legisle para destrozar la maternidad, aquella cualidad de la mujer venerada desde la Prehistoria? ¿Cabe mayor crueldad que organizar la sociedad para promover la frustración de aquello más sagrado para la mujer que es su inminente maternidad?
Sin lugar a dudas esta es una ley machista, sin ambages, pues pretende forzar a la mujer a adoptar un patrón masculino en lo más íntimo de ella: los varones no podemos ser madres. La revolución sexual de Wilhem Reich de los años treinta del pasado siglo es una cruel mentira en la que están cayendo como moscas millones de mujeres desde entonces. Este es otro aspecto de esta gran tragedia, que hayan caído desde hace setenta años tantas mujeres en un engaño tan simple. ¿Será cierto que también podría ser característica de la mujer la facilidad para dejarse embaucar con engañifas destinadas a arruinarla como mujer?
Siento verdadero horror cada vez que pienso que una mujer haya podido actuar o permitir que otros actúen en su cuerpo para arruinar su maternidad. Es el acto más claro de destrucción de su dignidad. Nunca existen ni existirán razones para asesinar a un niño en el vientre materno. Ni siquiera en esos supuestos que defiende el PP. Pero tampoco las habrá nunca para machacar salvajemente la propia dignidad de madre o para que la machaquen otros. Destruir la maternidad es destruir a la mujer en su más íntima esencia y por ello destruir la sociedad misma.
Zapatero no es un bobo solemne o un tonto como otros quieren tildarlo; es sencillamente un malvado. No se me ocurre otra cosa peor que decir de él porque no hay nada peor que pueda ser un hombre que malvado. También sirven a la causa de la maldad las tres ministras protagonistas de esta ley, Mª Teresa Fndez de la Vega, Trinidad Jimenez y Bibiana Aído, ninguna de las tres madre, no por exceso de amor, sino por ausencia del mismo; fracasadas como mujeres y exportadoras de su propio fracaso.
Cuando tenía 15 o 16 años me ilusionaba pensar en el futuro, entre otras cosas porque tendría la oportunidad de construir, junto con los de mi generación, un mundo mejor que el heredado de la generación de mis abuelos o de mis padres. A la vuelta de casi 40 años veo que este mundo es claramente peor. El paisaje marcado por el aborto es sórdido. La Historia tratará muy duramente a mi generación, y con razón. El daño causado es ya irreparable. Sólo queda esperar que no se prolongue en el tiempo. La manifestación del 17-O, las consideraciones de las líneas precedentes, la ilusión siempre inagotable de querer hacer continuamente el bien, todo ello puede contribuir a pasar esta página negra de la Historia que nos ha tocado vivir.



Antonio Moya Somolinos

domingo, 27 de septiembre de 2009

Todos a Madrid


El actual Gobierno ha demostrado que sólo hace caso a los consejos administrativos de las clínicas abortistas. Ha desoído todas las sugerencias que desde distintos ámbitos jurídicos y científicos le han recomendado no seguir adelante con su ley del aborto.
Tan sólo nos queda a los ciudadanos manifestarnos para demostrar nuestra repulsa. Por eso más de cuarenta asociaciones de diversa índole nos han convocado a una gran manifestación en Madrid el 17 de octubre.
Nuestra plataforma cívica está colaborando en la organización de los autobuses para todo aquel que quiera asistir a la manifestación.
Se ha fijado un precio único de 18 euros por persona (ida y vuelta). Deben ser ingresados en la cc del Foro Andaluz de la Familia en Cajasur: 2024 6061 74 3305506866, no olvidando indicar el nombre de la persona que hace la reserva.
Posteriormente el recibo escaneado (o el justificante, si se realiza transferencia por internet) se enviará como archivo adjunto a alguno de los siguientes correos
cordoba@vidabus.org o salmo128@hotmail.com , poniendo en la reserva los siguientes datos: nombre, apellidos, DNI, teléfono y email de contacto.
También se pueden comprar billetes directamente en:
* Adevida: c/ Isabel Loza,12
* Farmacia Abaurre: c/ Cruz Conde, 9
* Farmacia Díe: c/ JoseMª MArtorell, 4 (Zoco)
La salida será desde el antiguo Melia (confluencia Vallellano con Paseo dela Victoria) a las 10:30 de la mañana. Se regresará nada más terminar la manifestación
La coordinadora de toda esta labor es nuestra infatigable colaboradora Manoli Padilla, a la que podéis llamar para cualquier duda al 677357204.
La reserva deberá estar formalizada antes del 7 de octubre, pues a partir de esta fecha no se gantiza la existencia de plazas disponibles.

Debemos acudir, para que los políticos se enteren que la ciudadanía se encuentra asqueada con la sola idea de que un crimen tan repugnante como el aborto (despenalizado en unos supuestos, pero crimen aún) se pueda convertir en un derecho.

domingo, 30 de agosto de 2009

DIECINUEVE SIGLOS Y MEDIO DEFENDIENDO LA VIDA

Cuando se viven los acontecimientos de manera muy intensa se corre el peligro de perder un poco la perspectiva. En España llevamos desde 1985 viviendo probablemente una de las peores páginas de nuestra historia, no porque estemos padeciendo una guerra sangrienta frente a un determinado enemigo, o incluso porque la guerra sea fratricida, sino porque estamos asesinando a nuestros propios hijos, y porque esos hombres asesinados son precisamente los españoles más débiles, y por tanto los que deberían gozar de mayor protección del Estado y de la sociedad. Me refiero al millón largo de españoles asesinados mediante el aborto provocado. Lo que se dice, un genocidio.
Julián Marías ponía el dedo en la llaga al afirmar que la mayor desgracia del mundo contemporáneo no era propiamente el aborto, sino la aceptación social del aborto. Sólo pensar que me puedo quedar callado observando fríamente las estadísticas anuales sobre el aborto mientras cada día en España mueren descuartizados en el seno de sus madres del orden de 274 niños, sólo pensar esto me produce horror. Me invade la necesidad de exteriorizar y de compartir este horror, mediante la conversación, la acción política, la manifestación pública o escribiendo, con el fin de que no llegue la modorra, el acostumbramiento, la rendición. El enemigo no lo tengo enfrente, soy yo mismo, que puedo terminar aceptando interiormente el aborto como algo sociológicamente inevitable y que “tampoco es para tanto”.
Esto que digo no son entelequias, sino algo muy real. En España hay mucha gente a favor de la vida y, por tanto, en contra del aborto, pero que no hacen absolutamente nada por defenderla. La sangre de tantos niños asesinados les cae lejos, viven en su mundo confortable al margen de estos problemas, tienen la cabeza en su patrimonio, su consumo, sus aficiones, sus placeres, sus diversiones, su trabajo. El problema de esas madres embarazadas con apuros a quienes el Estado y la sociedad, hoy por hoy, no da más salida que abortar, y el problema de esos niños en el seno materno cuya vida pende de un hilo en una sociedad desquiciada, todo esto cae lejos en tantas personas autoconsideradas “buenas”.
Defender la vida públicamente es, me parece, una obligación moral en los tiempos que corren y en el país en el que vivimos. Quienes estamos en estos menesteres lo hacemos desde posturas individuales o asociados en plataformas, partidos, publicaciones, asociaciones, etc. En esta defensa destaca singularmente la Iglesia Católica, con iniciativas de todo tipo a favor del no nacido y de las mujeres embarazadas y sobre todo con una multitud de escritos de la Jerarquía, y sobre todo del Romano Pontífice, en defensa de la vida, en los que aparece fundamentado desde la fe y desde la razón todo el conjunto de problemas éticos que estas cuestiones plantean. Se podrá ser católico o no, pero resulta incontrovertible el reconocimiento que merece la Iglesia Católica por el papel que está jugando en esta hora difícil de la humanidad en la que la inteligencia parece haberse oscurecido, la sensibilidad adormecido y la voluntad anulado, en este momento en el que la mayoría de la gente, a pesar de tener ojos, no ve.
Algunas veces me he preguntado desde cuándo la Iglesia viene defendiendo la vida frente al crimen del aborto. He descubierto que desde muy antiguo. Casualmente el otro día tropecé con un pasaje de “la Didaché” que más adelante reproduzco. Todos los especialistas en la materia consideran que la Didaché es el escrito cristiano, no bíblico, más antiguo que se conoce. Algunos especialistas lo datan de los primeros años del siglo II, pero parece ser más plausible la tesis que lo data en el último tramo del siglo I. El nombre “Didaché” corresponde a la primera palabra que da título a la obra: Didaché ton dódeka Apostolón, que significa “doctrina de los doce Apóstoles”. Es en definitiva un pequeño catecismo del siglo primero en el que estaba todavía muy próximo, en el tiempo, el magisterio de los primeros doce que siguieron a Jesucristo. Pues bien, ya en la Didaché aparece una referencia al aborto que paso a reproducir: “El camino de la vida es éste: En primer lugar, amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo, y todo cuanto no desees que se haga contigo, tú tampoco se lo hagas a otro. La enseñanza de estas palabras es la siguiente: Bendecid a los que os maldicen, rogad por vuestros enemigos y ayunad por los que os persiguen. Pues ¿Qué generosidad tenéis si amáis a los que os aman? ¿Acaso no hacen esto también los paganos? Vosotros amad a los que os odian y no tendréis enemigo (……) no matarás, no adulterarás, no corromperás a los jóvenes, no fornicarás, no robarás, no practicarás la magia ni la hechicería, no matarás al niño mediante aborto, ni le darás muerte una vez que ha nacido, no desearás los bienes del prójimo”(Didaché, I, 2-3, II, 1).
De la lectura de esta cita se colige que la Iglesia lleva desde sus comienzos defendiendo la vida frente al aborto, y ahí sigue. Un buen ejemplo para que no desfallezcamos. Un buen ejemplo para no tirar la toalla. De acuerdo que en muchos casos no habrá servido para nada porque habrá habido quien no haya hecho caso a la Iglesia. Pero ¿Cuántas vidas de niños en el seno materno se habrán salvado en estos veinte siglos gracias a la voz de la Iglesia? Estoy convencido de que todo el bien que podamos hacer en esta materia, si lo hacemos, es un bien no perdido. A alguien aprovechará. Y aunque no aprovechase a nadie, por lo menos nos aprovecha a nosotros mismos, para no adocenarnos y amodorrarnos en nuestra comodidad.
Fijando la atención en el final de la cita transcrita observamos que en aquel siglo primero la Iglesia no sólo tuvo que enfrentarse con el aborto, sino también con el infanticidio. En eso estamos mejor ahora. No necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor. Al menos Bibiana Aido tiene claro que un niño ya nacido debe ser mantenido en la vida. Esto también tiene que levantarnos el ánimo a quienes defendemos la vida: peor lo tenían los primeros cristianos, o, por decirlo de otra manera, los del Imperio Romano del siglo I eran más burros que los políticos españoles del siglo XXI.
Otra enseñanza: Después de veinte siglos hemos vuelto casi al mismo punto. Esto nos demuestra que una sociedad puede progresar, pero si abandona los principios éticos puede retroceder veinte siglos. Eso nos lleva a tener que avanzar otra vez lentamente y hacer prosperar moralmente a nuestra sociedad con humildad, sabiendo que cada generación debe renovar su compromiso moral con los más débiles. En eso estamos y ahí seguiremos, aunque a veces flaquee el entusiasmo.

Antonio Moya Somolinos.

domingo, 28 de junio de 2009

ASAMBLEA DE LA PLATAFORMA


Todos las personas y asociaciones adheridas a la plataforma, así como los simpatizantes y voluntarios de la misma, estais convocados a la próxima asamblea de la misma el martes 30 de junio. Vuestra presencia es importante.
Orden del Día
1.- Presentación de la Memoria de las actividades realizadas.
2.- Presentación de cuentas.
3.- Proyectos a realizar
4.- Cambios en al comisión coordinadora.

Fecha:30 de Junio
Hora: 20 h.
Lugar: Fundación Miguel Castillejo. c/ Plaza de las Doblas 1.

domingo, 21 de junio de 2009

Sobre el proyecto de Ley de Muerte Digna


El pasado 14 de junio, el periódico El Día de Córdoba publicó un reportaje sobre la nueva Ley que quiere imponer la Junta de Andalucía sobre la denominada muerte digna. Este diario tuvo a bien preguntar nuestra opinión, reconociéndonos así un peso específico como colectivo ciudadano. El cuestionario que nos presentó fue contestado por Julio Ortega, médico y miembro de la comisión organizadora de nuestra plataforma cívica. He aquí las respuestas completas al mismo, de las que solo se publicaron una parte.


1)¿Cree que ha existido un debate profundo y riguroso antes de la aprobación por parte del Consejo de Gobierno de la Junta de la normativa o, por el contrario, el procedimiento está siendo precipitado?

No ha existido ningún debate sereno y sosegado sobre el tema. Esta proyecto de ley por precipitado es redundante e innecesario, puesto que no aporta ninguna medida relevante que no esté actualmente regulada. Lo único novedoso viene al garantizar una habitación individual a los pacientes terminales. Esto se realiza siempre que se puede, pero sin la garantía que ahora se pretende.
Así, la limitación del esfuerzo terapéutico es un derecho reconocido en la Ley de Autonomía del Paciente y en los códigos que guían una práctica médica ética (por ejemplo, en el artículo 28 del Código de Ética y Deontología del Colegio de Médicos y en el artículo 12 de la Guía de Ética Médica Europea).
En cuanto al derecho del paciente de estar informado, esta cuestión, recogida en el artículo 11 del citado Código de Ética y Deontología, también está convenientemente regulada y es algo plenamente asumido por el colectivo médico.
Quien reclame legislar lo ya legislado muestra desconocimiento o extraños intereses. El hecho de insistir tanto en respetar la decisión del paciente, cosa que ya se hace en la práctica clínica siempre que no se atente contra la ley, va allanando el camino hacia la eutanasia activa y el suicidio asistido. Actualmente el paciente puede rechazar un tratamiento, lo cual es totalmente lícito. Parece que lo que se pretende es que con el tiempo se le dará el poder de imponer el tratamiento, en base a su derecho a decidir, prevaleciendo su criterio sobre el del profesional.

En lugar de tanta demagogia, hubiera sido interesante definir los controles que determinen qué situaciones se consideran “obstinación” o “encarnizamiento terapéutico”, ya que es ahí donde puede existir conflicto en la actualidad.

2) ¿Considera adecuado que sea la Junta de Andalucía la administración que regule estos procedimientos, o debería quedar en manos del Gobierno central?

La Junta de Andalucía, como en otras ocasiones, se toma atribuciones que no le corresponden. En lugar de perder el tiempo con falsos debates que sólo a ella le interesan por cuestiones ideológicas, sería más provechoso para los andaluces que dotara suficientemente los servicios de cuidados paliativos o cumpliera con lo previsto en la Ley de Dependencia, garantizando de verdad una "vida digna".

3) ¿Cree que la edad de 16 años es adecuada para que un joven pueda decidir sobre el proceso de su muerte, o tendría que subirse el tope a los 18 años?

Debemos ser coherentes con la responsabilidad que atribuimos a los menores. No es admisible que a nuestros jóvenes se les obligue a tomar decisiones en unos temas de acuerdo con la ideología gobernante y en otros sean sus padres los responsables.

4) En cuanto a los profesionales médicos, ¿debe la normativa incluir la objeción ética para los médicos que se opongan?

La objeción de conciencia del profesional médico es algo que no se debe regular, sino garantizar. Desde el momento en que se admita que algún órgano de poder imponga su criterio en la actuación de un facultativo, habremos abierto la puerta a la prevalencia de criterios de otro tipo, como pueden ser los económicos, sobre los médicos.

Entrevista en el semanario La Calle

La pasada semana el semanario La Calle publicó una entrevista a Julio Ortega, médico otorrinolaringólogo, miembro de la comisión dela Plataforma Córdoba por el Derecho a la Vida y administrador de este blog. En dicha entrevista se denunció la corrupción de los profesionales sanitarios de las clinicas abortistas. También se comentó la hipocresía de la sociedad que según el momento de desarrollo califica a un ser humano como malformado, por lo que lo que se permite su condena a muerte en el seno materno, pero que, en el caso de que nazca, se le denominará discapacitado y se le otorgará todos los derechos posibles. El derecho a la vida es inherente a todo ser humano, independientemente de su momento de desarrollo.

Julio Ortega reclamó medidas sociales, laborales, económicas y afectivas para las mujeres embarazadas, especialmente para las que han sido víctima de una violación, negando que el acto violento que han sufrido se remedie con otro acto violento sobre su cuerpo, como es el aborto. La sociedad debe articular medidas alternativas entre las que se incluyen, además de las expuestas , una ley de adopción eficaz.
Para reducir el número de embarazos no deseados entre los jóvenes, Julio Ortega apeló a inculcarles el sentido de responsabilidad, a la educación en valores, que es mucho más que información.
Accede a la entrevista completa en:

http://www.lacalledecordoba.com/noticia.asp?id=18283

LA BELLOTA Y LA ENCINA

Os presentamos una nueva colaboración. En esta ocasión la remite nuestro amigo Antonio Moya, activo luchador por la vida, culto y documentado, por lo que sus escritos constituyen una buena base de argumentos para reflexionar.

LA BELLOTA Y LA ENCINA

En el actual debate sobre el aborto en España poco a poco se va abriendo paso a nivel popular un cierto raciocinio en el que no cuelan las ansias criminales de los propietarios de negocios abortivos y de los políticos que les jalean.
La afirmación de Bibiana Aído de que el feto es un ser vivo, pero no un ser humano se revela como una sandez y como un alarde de ignorancia absolutamente impropia de quien ocupa un sillón en el gobierno de un país que aspira a considerarse medianamente serio. No hace falta ser científico para saber que el ADN de una primera célula recién concebida es exactamente el mismo que el de ese ser humano a la vuelta de 80 años, lo cual marca una continuidad biológica sin cambios ni interrupciones en cuanto a la modalidad de ser viviente que ahí está. Lo único que se producen son transformaciones, pero siempre dentro de ese ser, que es único e irrepetible en el conjunto de todos los seres vivos que han existido y existen.
Además, esas transformaciones no sólo se producen en el seno materno, sino a lo largo de toda la vida. Basta ver una fotografía de un niño de un año y otra del mismo individuo 40 años después, por ejemplo. También se puede considerar el fenómeno del recambio celular por el cual las células de nuestro organismo van muriendo y siendo sustituidas por otras nuevas que se van generando, de modo que cada 7 años aproximadamente recambiamos todas las células. Ante este fenómeno podríamos preguntarnos si somos los mismos que hace 15 años, por ejemplo, ya que de las células que componían entonces nuestro organismo, probablemente no queda ninguna. La respuesta es que sí somos los mismos porque existe en nosotros una continuidad biológica basada en la identidad de nuestro código genético a lo largo de nuestra vida.
Estos razonamientos que acabo de hacer vienen abrumadoramente avalados por la ciencia moderna, de modo que lo que desde siempre se ha tenido como cierto de un modo intuitivo y natural, ahora lo conocemos por métodos científicos contrastados y probados, de modo que negar estas verdades ya no entra en el campo de la opinión, sino en el de la ignorancia o en el de la maldad ante fines turbios inconfesados.
De todas formas la afirmación de Bibiana Aído tiene más enjundia de lo que parece, pues defender el asesinato de seres inocentes es algo que va contra la racionalidad y un mínimo sentido ético, y por tanto, al menos de momento, contra lo políticamente correcto. Como quiera que es insostenible defender el asesinato de un ser humano en las condiciones que sea, la señorita Bibiana Aído no ha tenido más remedio que verse forzada a afirmar que eso que hay en el seno materno no es un ser humano. De esta manera, aunque sea contradiciendo la ciencia y quedando como una cateta, al menos la ministra salva el tipo de la coherencia en lo relativo a no hacer apología del asesinato de inocentes.
Debo decir en defensa de la ministra de Igualdad que esa búsqueda de coherencia en ese punto me parece bien, y que yo también sería abortista si tuviera la seguridad de que lo que hay en el seno materno no es un ser humano ya que a mí lo que me importa no es el aborto desde un punto de vista formal, sino que el aborto es un asesinato. Si el feto no fuese un ser humano, abortar no sería un asesinato y por tanto sería equiparable a quitarse un tumor o a extirparse la vesícula o una pieza dentaria por ejemplo, operaciones todas ellas de muy bajo o casi nulo contenido ético.
Tengo un amigo que si no es del PSOE poco le falta. Aunque en ciertos temas estamos en las antípodas, en otros muchos no, y en cualquier caso mantenemos frecuentes conversaciones en las que abiertamente exponemos nuestros puntos de vista y nos escuchamos uno al otro. Como no podía ser menos, en los últimos meses hemos hablado de este tema. Yo le he expuesto los razonamientos de más arriba, pero debo decir que no le he convencido. Por desgracia, aunque la ciencia aporte evidencias y verdades como puños, el fanatismo de quienes se obstinan en la maldad o al menos en las propias opiniones por el mero hecho de que son propias, es muy fuerte. Los partidarios del aborto tienen claramente una asignatura pendiente que no es otra que ceder gozosamente ante la belleza de la verdad y abrirse a ella sin pensar en las consecuencias políticas o sociales que pueda tener tal apertura. Siempre es mejor la verdad que lo que ella acarree, aunque sea duro.
Volviendo a mi amigo, un argumento que él maneja para apoyar su tesis abortista es el de decir que si destruimos una bellota no estamos destruyendo una encina, o más plástico, si nos comemos una bellota no nos estamos comiendo una encina. La bellota es la bellota y la encina es la encina. O el huevo es el huevo y el pollo es otra cosa, y no es lo mismo comerse un huevo que un pollo.
El planteamiento científico del ADN explica perfectamente la cuestión, si bien filosóficamente también se puede razonar que existe una continuidad en el ser que no es óbice a la existencia de ciertas mutaciones debidas al desarrollo y de igual manera no es filosóficamente correcto caer en el nominalismo en detrimento de la atención en el ser de las cosas.
Ninguno de estos razonamientos ha servido frente a la dureza de cerviz de mi amigo.
Parece ser que en el entorno en que me muevo la analogía de la bellota y la encina circula con más profusión de lo que yo me imaginaba. El otro día, sin venir a cuento se presentó en mi despacho un señor ya un poco mayor, de unos 70 años, agricultor, no amigo todavía, pero sí conocido, con quien he tratado algunas veces asuntos profesionales de carácter urbanístico. Traía en la mano una bolsita transparente en la que se veía una pequeña ramita con hojas. Yo, como soy de ciudad, no tuve ni idea a primera vista acerca de la especie vegetal que traía en la mano. Hablamos de un asunto urbanístico, y al terminar, sacó de la bolsita el esqueje indicándome que se trataba de una rama de encina. Puso delante de mis ojos la ramita en la que me hizo observar unos pequeños brotes puntualizando que en los mismos no se ven las bellotas. Sin embargo abriendo esos brotes, ahí están las bellotas, pequeñísimas. Es preciso diseccionar los pequeños brotes, pero efectivamente ahí están, pequeñas pero enteras las bellotas, y de la misma manera, al plantar las bellotas en la tierra, de ellas sale el árbol.
Evidentemente el razonamiento de este señor no es científico, es un razonamiento de persona sencilla que no tiene inconveniente en abrirse a la verdad observando la naturaleza. Ni me molesté en explicarle lo del ADN; no le hacía falta; tenía la sabiduría que han tenido durante milenios todos los hombres y mujeres que se han abierto sencillamente a la verdad y que la han antepuesto a posturas acomodaticias con fines inconfesables cargados de maldad.
Me quedé la rama de encina con sus brotes. La tengo en mi despacho, junto al ordenador. Me recuerda que la verdad a veces es más asequible de lo que nos imaginamos.


Antonio Moya Somolinos.